Por Sebastián Arévalo Sánchez | Bogotá D.C., 20 de febrero, 2019

Cuando pensamos en sacrificios humanos es posible que lo primero que llegue a nuestra mente sean las ofrendas que siglos atrás antiguos imperios ofrecían a sus dioses con el propósito de agradecer, solicitar favores, suplicar perdón o atraer un clima propicio para las cosechas. Sin embargo, triste y escalofriantemente, los sacrificios humanos siguen siendo una realidad en nuestros días, y aunque en varios países dicha práctica continúa bajo las sombras, en Uganda no deja de estar en la agenda de activistas y organizaciones que luchan contra la trata de personas y promueven los Derechos Humanos.

Durante la primera década del siglo XXI, la problemática de los sacrificios humanos en Uganda llegó a las primeras planas de importantes periódicos en todo el mundo, sin embargo, hoy en día parece caer nuevamente en el olvido mientras que el número de víctimas continúa aumentando y las promesas de justicia se esfuman junto con el recuerdo de aquellos a quienes brujos y hechiceros les arrebataron sus vidas.

Aunque en la actualidad las autoridades reportan un bajo número de “incidentes” relacionados con sacrificios humanos, organizaciones como el Pulitzer Center y Jubilee Campaign afirman que las víctimas llegan a miles y que el gobierno intenta minimizar la magnitud del problema. A pesar de la indiferencia de las autoridades, la presión del pueblo ugandés sumada a la voluntad de algunos políticos y la presión internacional logró que la Ley Contra la Trata de Personas de Uganda de 2009 incluyese los sacrificios humanos. La ley señala que la explotación incluye “sacrificio humano y extracción de órganos o partes del cuerpo para la venta o con fines de brujería, rituales o prácticas perjudiciales”. Así mismo, define el sacrifico humano como “el asesinato, mutilación, extracción de órganos o partes del cuerpo de una persona con fines de venta o de brujería, rituales o cualquier práctica humana dañina”.

Cuando conocí sobre esta problemática varios años atrás, casi de inmediato me pregunté ¿Por qué ocurre esto? ¿Qué lleva a las personas a ofrecer y solicitar sacrificios humanos? ¿Por qué las autoridades hacen tan poco al respecto?

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Al principio, lo primero que vino a mi mente tratando de entender las motivaciones para ofrecer y solicitar el sacrificio de un ser humano fue la cultura y la religión. En parte debido a mi desconocimiento de la historia ugandesa, llegué a pensar que se trataba de una antigua práctica que se había perpetuado en el tiempo. Sin embargo, el activista Marco Vernaschi (2010) sostiene que en Uganda los sacrificios humanos, particularmente de niños, son un fenómeno que se ha incrustado en las costumbres tradicionales pero que no tiene una relación genuina con la cultura local y que la apelación a las “creencias culturales” son en realidad una excusa utilizada por los hechiceros para justificar sus crímenes y por el gobierno para evitar tomar medidas.

Varios investigadores afirman que los sacrificios humanos han permeado las esferas políticas, sociales y económicas de la sociedad ugandesa. Por ejemplo, la organización holandesa Kids Rights (2014) señala que la práctica de los sacrificios humanos se ha amalgamado y confundido peligrosamente con la medicina tradicional del país, en donde criminales que se hacen pasar brujos prometen curar enfermedades como el sida y el cáncer. Dichos brujos convencen a personas incautas de pagar altas sumas de dinero para ofrendar un sacrificio que puede consistir en la tortura, homicidio y desmembramiento de un niño, niña o mujer.

Así mismo, Vernaschi (2010) afirma que los hechiceros tienen tanta influencia en Uganda como para definir los resultados de las elecciones, motivo por el cual varios políticos presuntamente evitan denunciar a los criminales e incluso se ven involucrados en el sacrificio de personas. De hecho, varios medios de comunicación denunciaron que durante las elecciones de 2016 se incrementó notablemente el número de niños, niñas y mujeres desaparecidas presuntamente debido a los sacrificios humanos ordenados por políticos para ganar las elecciones.

Reportes periodísticos y policiales han mencionado historias en las que propietarios de inmuebles compran cabezas de niños y niñas para ser enterrados en las bases de edificaciones en construcción con el propósito de atraer la buena fortuna, mientras que otros ofrecen sacrificios para gozar de vidas llenas de riqueza. Lo cierto es que la búsqueda de salud, prosperidad y poder político, aparentemente, es la razón por la cual la demanda de sacrificios humanos se mantiene en Uganda. Por otro lado, el dinero es, por lo menos a primera vista, la principal razón para ofrecer tan aberrante “servicio”.

Día a día los brujos tienen más poder y los sacrificios humanos parecen ser cometidos bajo el amparo de algunas autoridades, políticos y civiles. La capacidad para enfrentar dicha problemática, a pesar de que la ley reconoce esta conducta como una forma de trata de personas, disminuye en un contexto en donde la criminalidad organizada está surgiendo y fortaleciéndose alrededor de tan aberrante práctica. Los sacrificios de seres humanos son un crudo recordatorio de una grave violación a los Derechos Humanos que, al igual que algunas finalidades de trata de personas, ocurre ante la mirada impotente de nuestra humanidad.

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Referencias

Kids Rights & Universiteit Leiden. (2014). Child Sacrifice in Uganda, in a global context of cultural violence.

Uganda Legal Information Institute. (2009). Prevention of Trafficking in Persons Act.

Vernaschi, M. (2010). Uganda: Child Sacrifice Not a Cultural Issue. Pulitzer Center.