Por: Juan Pablo García | Bogotá D.C., 20 de Marzo, 2019.

En los últimos años, hemos establecido una relación dependiente a las herramientas que la tecnología nos ha provisto, integrando diferentes funcionalidades a las conductas sociales que transforman la manera en que interactuamos con otras personas. Esta expansión tecnológica trajo consigo procesos importantes de tecnificación de los trabajos y mejoro el acceso a la información en temas de seguridad, alfabetización, comunicación, economía, entre otros. Sin embargo, también posibilitaron la inserción de acciones delictivas a los diferentes escenarios individuales y colectivos característicos de cada persona.

En la actualidad, el Grooming se ha establecido como una acción delictiva que afecta en mayor parte a niños, niñas y adolescentes. Whittle (2013) lo define como una técnica para convertir la fantasía del abusador o agresor sexual en una realidad, ya sea de manera virtual o física. Por lo tanto, si bien esta conducta se ve tipificada por medios de comunicación y algunas personas como “el engaño pederasta a través de internet” contiene muchas más aristas que dependen del perfil del agresor, de sus víctimas y sus entornos protectores. En otras palabras, podemos considerar el Grooming como un proceso mediante el cual una persona prepara a un niño, a sus adultos cercanos y su ambiente para llevar a cabo el abuso o agresión.

La complejidad del Grooming resulta del carácter multifacético que adquiere según la personalidad y preferencias del agresor, puesto que varían en el estilo de captación, los incentivos que otorgan, así como, la duración del proceso y la intensidad con que se mantiene el contacto con las víctimas. La instauración de este fenómeno delictivo se construye a partir del poder y control que puede adquirir el agresor, por lo tanto, el éxito dependerá en su mayoría del nivel de exposición del menor a los canales de comunicación y el grado de penetración de las acciones de manipulación en sus escenarios individuales y colectivos.

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Según O’Connell (2003) son 6 las etapas utilizadas por el Groomer: Formación de amistad; Consolidación de la relación; Evaluación de riesgos; Exclusividad; y Actuación Sexual. La formación de amistad inicia con el mapeo general del niño o niña, estableciendo sus gustos a través de peticiones de información personal pero sin ningún carácter sexual, en donde las redes sociales se convirtieron en una fuente instantánea de datos que el agresor utiliza como estrategia para ganar la confianza de la víctima y cuya durabilidad se establece de acuerdo a su nivel de recepción. En la consolidación de la relación, se incrementan los detalles de la información, se habla de la familia, estudio y entorno social creando la idea de un trato de mejores amigos a través de la regularidad de las conversaciones y la intimidad de las discusiones compartidas.

La etapa de evaluación de riesgos, revela las rutinas y actividades de los familiares del menor junto con las locaciones de los aparatos tecnológicos, buscando reducir el nivel de exposición del agresor.  En la exclusividad se establece cierta dependencia y confianza mutua integrando las conversaciones de carácter íntimo, finalmente,  la actuación sexual comprende una naturalización de los temas de carácter sexual y se utiliza el desconocimiento de algunos contenidos por parte del menor para incrementar su vulnerabilidad. La actuación sexual puede darse en un escenario virtual en donde el agresor adquiere videos e imágenes explícitas, o físico en donde se concreta un encuentro que termina en casos de abuso sexual y/o explotación sexual y comercial de niños, niñas y adolescentes.

La conformación de comunidades que intentan legitimar preferencias sexuales con menores de edad sumado a las facilidades que la tecnología ha establecido en los procesos de comunicación e interacción social incrementa los desafíos en materia de prevención, identificación e investigación debido también a la anonimidad que permiten estas plataformas. El carácter cifrado de los mensajes y grupos de chat se ha utilizado por las redes de crimen organizado y ofensores sexuales como canales de producción, distribución y consumo de material con contenido de explotación sexual infantil preferidos por el nivel de inmediatez de los contenidos, el rango de exposición de las víctimas, y los bajos riesgos de aprehensión.

Son claros los desafíos que existen frente al fenómeno del Grooming con niños, niñas y adolescentes en donde el uso de las plataformas tecnológicas por parte de los agresores amplifica el nivel de amenaza y daño. De igual manera, el acceso descuidado de las posibles víctimas a internet y a las redes sociales incrementa el nivel de exposición a fenómenos criminales. Por lo tanto, es necesario comprender las tendencias globales en términos de tecnología y poseer conocimientos suficientes para impedir la creación de contextos de vulnerabilidad o riesgo en nuestros escenarios sociales.

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REFERENCIAS

O’Connell, R. (2003). A typology of cyber sexploitation and online grooming practices. Preston, England: University of Central Lancashire.

Whittle, H., Hamilton, C., Beech, A., and Collings, G. (2013). A Review of Online Grooming: Characteristics and Concerns. (18:1), pp. 62–70.