Por: Valeri Chaverra Rodríguez | Bogotá D.C., 09 de Mayo, 2019.

A partir de la segunda década del siglo XXI comenzamos a evidenciar la reconfiguración de las relaciones sociales debido a los avances tecnológicos, y a la hiperconectividad que gran parte de la población adquirió por medio de diversas plataformas. Se han establecido comportamientos fuertemente influenciados por nuestras conductas virtuales en donde el acceso a los dispositivos y sus aplicaciones representan en algunas esferas sociales alternativas de prestigio, gallardía e incluso facilitan nuestras aspiraciones sexuales.

Gradualmente la necesidad de converger en espacios sociales como cafés, centros comerciales, bares o reuniones familiares ha sido reemplazada por mensajes instantáneos, notas de voz y vídeo llamadas. La realidad virtual y las herramientas que la integran facilitan la constitución de nuevos canales que permiten sustituir las actividades físicas por actividades fáciles y convenientemente desempeñadas desde un dispositivo móvil o laptop como hacer compras, pagar cuentas e incluso relacionarse emocional y sexualmente con otros.

Actualmente, se ha incrementado la demanda en población joven de las aplicaciones de citas como Meetwo, Her, Bumble, Jaumo, OkCupid, Grindr y Tinder, descargadas masivamente de Play Store, App Store o directamente desde buscadores en Internet. Estas plataformas tecnológicas permiten a los usuarios establecer criterios de preferencias sobre las personas con quienes les interesaría establecer un vínculo, filtrando la información a partir de características físicas, gustos e intereses, con la finalidad de obtener un match con las mejores opciones posibles. Por lo general, el uso de aplicaciones y plataformas digitales hacen que nuestros datos personales dejen de ser privados, haciendo que nuestro nombre, identificación, localización, red de contactos y preferencias queden expuestos ante cientos de usuarios en la red.

charles-1208666-unsplashA pesar de lo anterior, las discusiones en muchos escenarios se han limitado a cómo estas aplicaciones están reconfigurando las relaciones sentimentales en el mundo globalizado, pero poco se habla de las prácticas que acontecen durante la creación de relaciones mediante estas plataformas.

Por ejemplo, en teoría las aplicaciones de citas únicamente permite la creación de cuentas y acceso a las mismas por parte de adultos. Sin embargo, el control de los operadores se limita a la declaración de edad en el registro inicial conllevando a situaciones que ponen en riegos la seguridad de los usuarios y se convierten en oportunidades para criminales. Recientemente en el Reino Unido se reportaron más de 30 casos de niños/as y adolescentes víctimas de abuso sexual producto del uso de las plataformas de citas como Tinder y Grindr.

A pesar de la falta de estadísticas exactas del sexo, género y edad de las víctimas, resaltando que son muchos los casos que se presentan y pocos los reportados, no se puede dejar de lado la multidimensionalidad de esta problemática social debido a los altos índices de vulnerabilidad presentados no solo en población menor sino también en jóvenes, adultos y adultos mayores en donde las estrategias de captación y explotación varían de acuerdo al tipo de población. Un ejemplo claro, se presentó en marzo de este año en Bogotá, en donde una mujer joven con 22 años inició una conversación con un hombre a través de la plataforma de citas Tinder, llegando a concertar un encuentro físico. La mujer fue expuesta a sustancias que la desorientaron terminando en una sala de urgencias con golpes y hematomas.

Son diversas las razones que motivan a las personas a registrarse en las plataformas de citas. Sin embargo, es fundamental reconocer que existen escenarios de riesgo que surgen de la facilidad de conectar con otras personas y exponer nuestra información personal a desconocidos. La sextorsión, abuso sexual, secuestro e incluso dinámicas propias de la trata de personas como explotación sexual, trabajos forzados, matrimonio servil, entre otras, son algunos de los contextos delictivos que ocurren de forma oculta en las llamativas aplicaciones para citas.

Buscamos tener múltiples experiencias motivadas por deseos físicos y emocionales debido a los niveles de deleite que implican los escenarios de aceptación social mediante “likes” y “matches” en la actualidad, o situaciones que nos permiten obtener un aparente control y satisfacen nuestras necesidades. No obstante, no podemos dejar de lado la implementación de conductas de seguridad que nos ayuden a contrarrestar nuestro nivel de vulnerabilidad ante las nuevas tecnologías y su influencia en los contextos sociales.

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REFERENCIAS:

Bonavitta, P. (2015). El amor en los tiempos de Tinder. Cultura y representaciones sociales, Vol 10 (#19). Recuperado el 08 de mayo de 2019 de http://www.scielo.org.mx/scielo.php?pid=S2007-81102015000200009&script=sci_arttext

El Tiempo. (2019). Joven fue drogada y golpeada en una cita acordada por Tinder. El tiempo, 09, abr, 2019. Recuperado el 08 de mayo de 2019 de https://www.eltiempo.com/bogota/joven-fue-drogada-y-golpeada-por-un-hombre-tras-acordar-cita-por-tinder-345582

RT. (2019). El peligro de las citas por Internet: indignación por la explotación sexual infantil en Tinder. RT, 13, feb, 2019. Recuperado el 08 de mayo de 2019 de https://actualidad.rt.com/actualidad/305434-tinder-citas-internet-explotacion-sexual-ninos